Dieciocho meses. Ese es el tiempo que ha durado su lesión. Dos rodillas tocadas y varias operaciones. Dieciocho largos meses en los que ha estado a la sombra del fútbol. Allí, fuera de todas las miradas donde nadie se acuerda de tí. Donde te toca trabajar en solitario para volver a jugar en equipo. Apenas unos cuantos se preocupan por cómo estás y sobre cuándo vas a volver. No sabes qué responder. El periodo es muy largo y la recuperación debe ser plena. Permitirte el lujo de esquivar un mes, puede llevarte a estar tres más. Con las lesiones no se juega en el deporte. La salud es lo primero; la técnica y la calidad es innata. El último partido de fútbol de Owen Hargreaves se remonta a septiembre del 2008. Todo hasta el jueves pasado.

El Chelsea fue su último rival. Desde ese momento, su rodilla dijo basta y tuvo que parar. Marchó a Estados Unidos para operarse de una tendinitis rotuliana, una inflamación del tendón que conecta la rótula con la tibia. Richard Steadman le ha realizado un seguimiento exhaustivo en todo momento. Su vuelta se especulaba para noviembre a mucho tardar, pero comenzaron las causas secundarias. Tras mucho tiempo inactivo, la falta de confianza se adentró en Owen. Los problemas psicológicos fueron un nuevo obstáculo para su regreso. El tratamiento físico ya tenía su acompañante psicológico. Si la mente no acompaña al cuerpo, el futbolista no rinde como debería. Ejemplos nos sobrarían en este mundo donde muchos pierden la cabeza y se olvidan de su verdadero trabajo.
Hijo de Margaret y Colin, Owen Hargreaves nació en Calgary, Canadá, para después vivir como un inglés más. Su padre fue un emigrante en los años ochenta, de ahí la conexión con Inglaterra. Con tan sólo dieciséis años, el Bayern de Munich le echó el ojo y se lo llevó a Alemania. En el año 2001 ya se había consolidado en la primera plantilla del conjunto germano. Rechazó a la selección canadiense para acudir a la cita con Inglaterra sub 21 con escasos diecinueve años. Y poco después llegó la absoluta. Tras siete temporadas en el equipo bábaro, conquistó cuatro Bundesligas, una Champions League y una Intercontinental, además del Trofeo Bravo y el reconocimiento de ser el mejor europeo del años sub 21 en 2001. Por si fuera poco, fue nombrado como mejor jugador inglés del 2006. Pero se hacía raro ver a Owen Hargreaves en Alemania.

Y llegó el Manchester United con 17 millones de libras. Los de Ferguson se llevaron a Owen a las islas británicas. Se lo llevaron a casa. Apareció como crack, y su primera temporada en el conjunto red devil fue de ensueño. Premier League y Champions League en el mismo zurrón. Treinta y cuatro partidos con dos goles. La temporada 2007-2008 quedará guardada para él por los títulos y, entre otras cosas, porque fue la última en la que ha podido jugar como profesional. Nada más empezar el año siguente, llegó su conocida lesión. Mucho se ha hablado de su vuelta pero, por unas cosas u otras, siempre se ha ido retrasando el plazo. Unos se han olvidado de él, otros piensan que se marchó, pero lo cierto es que Owen ha estado a la sombra buscando volver.
Fue el pasado 18 de marzo cuando, por fín, Hargreaves fue convocado para un nuevo partido. El Burnley de la liga de reservas sería testigo del regreso del centrocampista inglés. Sólamente cuarenta y cinco minutos. Lo justo y necesario. Lo breve y bueno, dos veces bueno. Ahora toca avanzar de uno en uno, sin saltarse ningún paso. Ya sabe de primera mano que un desliz te echa abajo todo el trabajo realizado durante año y medio de recuperación. Owen Hargraves ha dado un paso atrás, pero ahora espera dar dos hacia delante. El fútbol ha recuperado uno de los suyos. Uno de esos que trata el balón con suavidad, que es delicado e inteligente. El extraño caso ha terminado por resolverse con su regreso. Qué bueno que volviste. Algunos nunca te llegamos a olvidar, Owen.

El Chelsea fue su último rival. Desde ese momento, su rodilla dijo basta y tuvo que parar. Marchó a Estados Unidos para operarse de una tendinitis rotuliana, una inflamación del tendón que conecta la rótula con la tibia. Richard Steadman le ha realizado un seguimiento exhaustivo en todo momento. Su vuelta se especulaba para noviembre a mucho tardar, pero comenzaron las causas secundarias. Tras mucho tiempo inactivo, la falta de confianza se adentró en Owen. Los problemas psicológicos fueron un nuevo obstáculo para su regreso. El tratamiento físico ya tenía su acompañante psicológico. Si la mente no acompaña al cuerpo, el futbolista no rinde como debería. Ejemplos nos sobrarían en este mundo donde muchos pierden la cabeza y se olvidan de su verdadero trabajo.
Hijo de Margaret y Colin, Owen Hargreaves nació en Calgary, Canadá, para después vivir como un inglés más. Su padre fue un emigrante en los años ochenta, de ahí la conexión con Inglaterra. Con tan sólo dieciséis años, el Bayern de Munich le echó el ojo y se lo llevó a Alemania. En el año 2001 ya se había consolidado en la primera plantilla del conjunto germano. Rechazó a la selección canadiense para acudir a la cita con Inglaterra sub 21 con escasos diecinueve años. Y poco después llegó la absoluta. Tras siete temporadas en el equipo bábaro, conquistó cuatro Bundesligas, una Champions League y una Intercontinental, además del Trofeo Bravo y el reconocimiento de ser el mejor europeo del años sub 21 en 2001. Por si fuera poco, fue nombrado como mejor jugador inglés del 2006. Pero se hacía raro ver a Owen Hargreaves en Alemania.

Y llegó el Manchester United con 17 millones de libras. Los de Ferguson se llevaron a Owen a las islas británicas. Se lo llevaron a casa. Apareció como crack, y su primera temporada en el conjunto red devil fue de ensueño. Premier League y Champions League en el mismo zurrón. Treinta y cuatro partidos con dos goles. La temporada 2007-2008 quedará guardada para él por los títulos y, entre otras cosas, porque fue la última en la que ha podido jugar como profesional. Nada más empezar el año siguente, llegó su conocida lesión. Mucho se ha hablado de su vuelta pero, por unas cosas u otras, siempre se ha ido retrasando el plazo. Unos se han olvidado de él, otros piensan que se marchó, pero lo cierto es que Owen ha estado a la sombra buscando volver.
Fue el pasado 18 de marzo cuando, por fín, Hargreaves fue convocado para un nuevo partido. El Burnley de la liga de reservas sería testigo del regreso del centrocampista inglés. Sólamente cuarenta y cinco minutos. Lo justo y necesario. Lo breve y bueno, dos veces bueno. Ahora toca avanzar de uno en uno, sin saltarse ningún paso. Ya sabe de primera mano que un desliz te echa abajo todo el trabajo realizado durante año y medio de recuperación. Owen Hargraves ha dado un paso atrás, pero ahora espera dar dos hacia delante. El fútbol ha recuperado uno de los suyos. Uno de esos que trata el balón con suavidad, que es delicado e inteligente. El extraño caso ha terminado por resolverse con su regreso. Qué bueno que volviste. Algunos nunca te llegamos a olvidar, Owen.