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15 de agosto de 2011

La primera sonrisa y los defectos del Chelsea


Sensaciones encontradas en el debut del Chelsea en la Premier League. Unas impresiones que matizan el juego del equipo de Villas-Boas, quien ha sentado varios cambios en las ideas principales pero que adolece de algunos de los errores del pasado. Del empate del Chelsea en el Britannia Stadium se pueden sacar muchas conclusiones. Y es que tanto los puntos positivos como negativos definen el progreso que va a sufrir una plantilla encomendada a la labor del técnico por excelencia del 2011, un técnico que a sus 33 años se ha sentado en Stamford Bridge con el objetivo de controlar el salto generacional que demanda el club. ¿Qué será de los futbolistas troncales del último lustro? ¿Se mantendrá a Fernando Torres como único delantero? ¿Va a realizarse el fichaje que necesitan en el centro del campo?

Si hay que sacar una primera sonrisa del partido contra el Stoke, ésa es la de Fernando Torres. El delantero español fue el mejor de su equipo, lo cual no debería extrañar conociendo su potencial. Pero eso no es lo importante: el detalle reside en el esquema con un único delantero de Villas-Boas, apoyado en dos jugadores de banda como Malouda y Kalou. Sentó sin dudarlo a Drogba y Anelka, después de todas las pruebas fallidas de Ancelotti el curso pasado. Torres estuvo participativo, cayó con mucha coherencia a banda, cohesionó el centro del campo con la línea ofensiva y retuvo la pelota de espaldas. Partido brillante el suyo que consigue que sus admiradores se froten las manos con la temporada que viene. Sky Sports lo designó como 'Man of the Match' y no sería una locura aventurar que el Chelsea 2011/12 llegará tan lejos como él decida.

También hay mucho trabajo por delante y buena parte apunta a las más recientes figuras del árbol genealógico del nuevo Chelsea: Terry, Drogba y Lampard. Sobre todo este último, cuyo caso es llamativo hasta rozar lo perjudicial. Y es que 'Frankie' ya no abarca tanto espacio, ha dejado de pisar su área en el comienzo de la jugada y no se acerca al punto de penalti en el remate. Su juego se ha reducido, su largo del campo se ha visto minimizado a un físico que no da de sí en un equipo que ya no tiene su primer argumento en las transiciones. Por eso Lampard no luce. Ahora el Chelsea mantiene la pelota en el centro del campo con un ritmo más pausado y previsible sin poseer al jugador ideal. Porque ese futbolista no es Mikel ni Ramires, tampoco Benayoun. Por ahí se explica la llegada de Oriol Romeu y se razona el peso de McEachran en la primera plantilla. Aunque nada se parece a lo que podría ser si se tiene Modric, claro.

25 de abril de 2011

Un gol para idear el proyecto


Siempre he escuchado que lo bueno se hace esperar. Que llegar a lo que más deseas requiere su trabajo pero que la recompensa no está valorada objetivamente. Los mejores objetivos no tienen precio, no se evalúan por dinero y sí por sensaciones. El tope que quieres alcanzar, ése con el que te has chocado durante tres meses insistentemente, es el puro significado de liberación. La presión que ha agarrotado tus piernas en cada disparo y las críticas que han bloqueado tu mente por fin han dicho adiós. Si el talento es lo que siempre ha acompañado a Fernando Torres, la suerte lo había abandonado en los últimos encuentros. Tropiezos a destiempo, manos impensables o, simplemente, remates defectuosos. Era cuestión de tiempo que el fino alambre que mide el valor de un delantero se enderezara y apuntara hacia el gol. Torres sabe que ni mucho menos ha jugado bien desde que llegó al Chelsea, pero ha encontrado en el gol del sábado el punto de inflexión para su nueva etapa: "Ahora tengo menos presión, puedo disfrutarlo".

El Chelsea cambia de moral, sus expectativas del año, con un simple gol y con menos de cinco partidos por disputarse. De este modo es como influyen los grandes jugadores, de los que sus goles se necesitan y cuando faltan condicionan a un equipo. Casi sin ser un objetivo, en Stamford Bridge se divisa una mínima opción de repetir triunfo en la Premier League. Un pequeño punto en el que apoyar sus últimos encuentros más allá de la clasificación europea directa que ya se aseguró. Porque su duelo contra el Man Utd, diminuta luz de difícil acceso en el tope de la clasificación, los puede impulsar hacia arriba, y porque el Arsenal también se tiene que ver las caras con los de Ferguson. Un gol de Torres, la buena racha en los últimos tres encuentros, ha redibujado a un Chelsea que, sin acercarse ni mucho menos a lo que debiera ser, tiene, aunque sean mínimas, opciones de competir en lo que resta de temporada.

Pero también se enfrenta a un complicado e irregular escalón que saltar: elegir cómo afrontar el curso siguiente. Y lo debe hacer pensando en varios factores. En primer lugar, continuar de la mano de Ancelotti, quien cumplió en su primer año pero se vino abajo en el segundo, o contratar un nuevo entrenador. Seguidamente, escoger los puntos del equipo a mejorar y los jugadores de los que deshacerse. Porque, como leí hace muy poco, "Terry, Lampard y Drogba son historia viva de esta época pero tienen que ser reemplazados". Por último, sentar las bases de un nuevo proyecto, pues parece que la cuesta abajo del actual ya tiene porcentajes de desnivel importantes. Esas bases son David Luiz y Fernando Torres, soñando con que el vínculo de unión entre ellos sea McEachran. Y desde ahí volver a crecer.