20 de febrero de 2011

El dilema del descenso

El sentimiento de asfixia que provoca el borde del descenso es incomparable a ninguna otra resolución de una tabla clasificatoria. Si bien los puestos europeos estarán más competidos que nunca -cinco equipos optan a cuatro plazas y no hay siquiera favoritos para llevarse la Premier League-, el descenso abarca ocho puntos en apenas diez posiciones. Duelos directos, tensión en cada partido y no siempre dependencia propia. Sorprende ver a equipos como el Everton o el Aston Villa en las últimas posiciones pero es de suponer que con más o menos sufrimiento terminarán por solventar sus problemas.


En primer lugar, tendríamos un grupo formado por los equipos que terminarán la temporada sin pena ni gloria; unos por encima de sus posibilidades (Stoke City) y otros lamentando no haber empezado mejor (Everton, Aston Villa). Los de Tony Pulis son un ejemplo de cómo aprovechar una ideología de juego y exprimirla hasta el último punto. Tanto Everton como Aston Villa comenzaron siendo las sorpresas negativas pero la inercia les ha permitido coger ritmo. Los 'toffees' combinan su progreso en Premier con un impulso en FA Cup mientras que el Aston Villa sigue valiéndose del fichaje de Bent y de su propia cantera. También está el Blackburn, que ha explotado perfectamente sus recursos y, si todo continúa como parece, no tendrán problemas en mantenerse.

Existe otro grupo compuesto por Newcastle, Fulham y Birmingham, que la teoría dice que se terminarán salvando. El Newcastle debería vivir, no sin problemas, de la renta que consiguió con Carroll como delantero. Ahora, huérfanos de un referente, cada punto será un mundo para ellos. El Fulham se agarra a la inminente vuelta de Bobby Zamora y a la buena racha que han conseguido (8 puntos de los últimos 15) además del último empate frente al Chelsea, que bien pudo ser una victoria de no haber errado Dempsey el penalty. Por último, destacaría en el Birmingham el buen trabajo en el mercado invernal al hacerse con Bentley, el cual ya ha sido decisivo en dos partidos desde que juega en St Andrews. El jugador de banda está dirigido a entenderse a las mil maravillas con Zigic, que parece haberse hecho -por fin- con un hueco en el once.

La vuelta de Zamora se antoja primordial

Se presume inevitable que Blackpool, West Brom, Wigan, West Ham y Wolves se jueguen los puestos de descenso. Cinco equipos para tres posiciones. Tanto Blackpool como WBA, recién ascendidos, comenzaron el año de una forma inmejorable pero se han visto inmersos en una desastrosa racha de resultados a pesar del buen juego (no siempre bueno, pero sí atractivo, divertido) que los han relegado a la cola de la clasificación. El Wigan de Roberto Martínez lleva toda la temporada al límite de la permanencia, ocupando semanalmente los puestos que te llevan a Championship. Mucho tendrá que cambiar su dinámica, sobre todo en defensa. El West Ham es el caso de un equipo muy por debajo de sus posibilidades, sometido a un tira y afloja pero que no termina de arrancar; cada vez con menos margen. Parece que los fichajes el fichaje de Demba Ba, O'Neil, Bridge, además del buen rendimiento de Piquionne, Mark Noble o Scott Parker servirán como impulso hacia la permanencia. Quizás los que menos opciones tengan de permanencia sean los Wolves, colistas desde hace muchas jornadas, que sólo pueden imaginar la permanencia si los de arriba se entonan a final de año. Jarvis, O'Hara, Doyle o Milijas son la esperanza.



Apuesta de descenso: 18º Wigan, 19º WBA, 20ª Wolves.

16 de febrero de 2011

13 de febrero de 2011

El fútbol y lo intangible


Una de las virtudes más atractivas del fútbol, y a la vez más inalcanzable, es el valor intangible de muchas de sus facetas del juego; esa cualidad por la cual los aficionados quedan relegados a un segundo plano y apenas son capaces de comprender el porqué de las cosas. El aficionado no atiende a lo inmaterial que se cocina en un vestuario, se mantiene en una órbita paralela, hasta que los once jugadores cruzan la línea del campo y se conjugan con los miles de fieles que, de alguna manera, también buscan el mismo objetivo. No es normal que ocurra, pocos jugadores tienen ese estigma único que los diferencia de la multitud, y que dentro del grupo de elegidos todavía sacan a relucir su atributo diferencial. Resulta extremadamente difícil encontrar un futbolista capaz de hacer un esbozo del destino de su equipo mediante el sacrificio y la apelación a unos valores.

Uno se pregunta cómo explicar lo diferente, cómo establecer una comparación en una situación de semejante dificultad. Un resultado de 3-0 adverso frente a un rival directo por el descenso y jugando en campo contrario. Pocas pesadillas podrían comenzar de una manera tan dramática. Y es en el descanso cuando se fragua el momento decisivo, hasta diferencial, pero que pasa inadvertido para el resto de presentes en las gradas. Scott Parker, capitán del West Ham e icono indiscutible de un club desvirtuado, se disfraza de Churchill y modifica la actitud pesimista de sus diez compañeros de campo. "Al descanso, Scott Parker fue la inspiración en el vestuario. Cuando salí al campo le dije que me había motivado mucho", comentó Carlton Cole.

La situación sobrepasó lo previsible, se convirtió en motivador, en líder, en capacidad diferencial. Sacó a relucir su estigma único para convertir el partido en un objeto atractivo, en un objetivo posible. "Él estaba en el medio, nunca había visto algo así. A veces necesitas que tu capitán cruce los límites de este modo. Si tú estuvieras allí seguro que se te habría caído alguna lágrima". El West Ham cambió su cara, consiguó el empate a tres en la segunda mitad e incluso tuvo ocasiones de sobra para llevarse los tres puntos. Una reaparición conmovedora dirigida por un capitán cuya simbología supera a su fútbol. Una nueva acepción de liderazgo y otro capítulo en los milagros de Scott Parker. Perfeccionista de lo inmaterial, cuidadoso en la motivación y oportunista durante el partido. El valor intangible del fútbol es tan importante y tan decisivo que se trabaja en grupo, en el vestuario, para cambiar la dinámica de un resultado. La afición tiene ahora más motivos para seguir confiando en la permanencia.

7 de febrero de 2011

En dirección al éxito

A principios de la temporada pasada, Owen Coyle era el desconocido entrenador del Burnley, un inocente equipo recién ascendido a la Premier League. El técnico escocés, siempre con un aroma juvenil y una vestimenta deportiva compuesta por sus pantalones cortos y una sudadera con los colores de su club, dirigía al Burnley sin apuros por entrar en puestos de descenso mientras amarraban las victorias en Turf Moor conscientes de que su salvación radicaba en su fortaleza como locales. El éxito tempranero se hizo eco en Bolton debido a la mala racha de resultados y al pésimo juego mostrado por los 'trotters'. Optaron por la novedad para cambiar el rumbo del equipo. Owen Coyle fichó en Navidad por el penúltimo clasificado de la Premier League dejando su casa, Burnley, bajo control.


Como cualquiera que llega a un lugar nuevo, Owen Coyle empezó a redistribuir y a diseñar los nuevos trazos de lo que iba a ser su Bolton. Eligió seguir su propia ideología, se decantó por el buen fútbol y decoró su plantilla con jugadores hechos para la ocasión. Apostó por la juventud para salir del pozo, consiguió las cesiones de Jack Wilshere y Vladimir Weiss, y les dio la confianza para exprimir las posibilidades de permanencia. Organizó un equipo en función a sus cualidades y convirtió al Bolton en un lugar de toque, de precisión e incluso de atracción futbolística. Cada fin de semana era un motivo para ver la progresión de Stuart Holden, el paso adelante de Lee Chung Yong, las pequeñas dosis de Mark Davies o la consagración de Gary Cahill. Owen Coyle salvó a su nuevo Bolton mientras que el Burnley se ahogaba en el descenso con dirección a Championship.


Historias paralelas de un entrenador que continúa merecidamente en la máxima categoría entrenando al que fue el equipo revelación de la primera mitad de campeonato. Insistió en la juventud y fichó a Rodrigo, Marcos Alonso y, en invierto, también consiguió a Sturridge. La puntería de Kevin Davies y de Johan Elmander hizo las delicias del Bolton hasta el punto de ser un habitual de los puestos cabeceros. Pero ahora, con veintiséis jornadas disputadas, la pólvora parece haberse mojado ya que el sueco no ve puerta desde la jornada 16 y el internacional inglés no anota desde hace cinco partidos. Los datos muestran la cifra de tres goles del Bolton en los últimos cinco encuentros y una única victoria de los últimos siete. Por primera vez en la temporada, los 'trotters' suman más derrotas que victorias en el cómputo global.

Que un bache no traicione el buen camino que ha llevado un equipo durante un año entero, que un despiste no les haga sufrir en las últimas fechas y que un entrenador con tanta capacidad para moldear un equipo en función a sus necesidades sea valorado en las dimensión que merece. El Bolton de Owen Coyle.

4 de febrero de 2011

Puliendo las variantes

Al hilo de la contratación de Andy Carroll por el Liverpool y su valor potencial como delantero titular de Inglaterra me he detenido a fantasear con las posibles combinaciones de la selección inglesa a medio plazo. Varios nombres brillantes han aparecido al instante, opciones que pueden superar la actualidad y un futuro realmente esperanzador para cualquiera que tenga unas mínimas ilusiones de ver jugar a los que hoy apenas son casi veinteañeros. En alguna posición condicionado por los gustos y en otras rendido ante las evidencias, la siguiente imagen representa un once alternativo, complicado aún a día de hoy, que podría alinear la selección de Inglaterra en un plazo de años. Y tú, ¿a quién meterías?

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