31 de marzo de 2010

Gerrard, el regreso del capitán

Los estados de forma en los deportistas son una de las mayores incógnitas por resolver. Pasar por un buen o mal momento durante el año puede marcar tu carrera deportiva. Mientras unos apuntan más alto de lo que realmente tienen y acaban siendo sobrevalorados, hay otros que tienen dentro mucho más de lo muestran mientras que la constancia el secreto de su éxito. Ir mejorando con los días, seguir al nivel de los mejores del mundo y luchar por todos los títulos que se juega, es el pan de cada día de todos aquellos jugadores llamados como los mejores del mundo del fútbol. En ese rendimiento se encuentra Steven Gerrard, aunque no recordaremos esta temporada como una de las mejores del capitán red. Mermado por las lesiones y por una forma un tanto decepcionante, Steven intenta entonarse de cara al que puede ser su último Mundial.


El número ocho de Anfield va camino de terminar un año con mucha pena y sin gloria. Las expectativas del Liverpool no han sido cumplidas, ni mucho menos. Eliminados a las primeras de cambio en la Champions League y descartados excesivamente pronto de la lucha por la Premier League, ya sólo queda el consuelo de lograr algo en la Europa League e intentar garantizar una plaza europea para la temporada siguiente. El conjunto de Rafa Benítez ha funcionado a base de arreones a lo largo del año. Estos arreones han servido para bajar el nivel medio de la clase, donde el único y claro aventajado es Fernando Torres. Todos los demás son estudiantes de nivel medio, donde van sacando sus asignaturas medianamente y de vez en cuando estudian. Como es lógico, cuando se estudia se recompensa tu trabajo. Pues bien, cuando se juega bien, los resultados llegan al instante.

El mal momento deportivo del Liverpool concuerda a la perfección con el estado de forma de Steven Gerrard. Decir que no ha mostrado todo lo que tiene sería quedarse corto. Lo cierto es que tiene mucho y apenas ha destacado entre los suyos. En demasiadas ocasiones, incluso se ha quedado por debajo del nivel. La nota media en el Liverpool es tan mediocre que su baja forma pasa desapercibida. Pero no para ojos de los que siguen confiando en él. Todos echan de menos su aportación al equipo en los momentos clave. Se quiere recuperar a un hombre luchador y que sepa dirigir al Liverpool cuando se encuentre perdido. El Steven Gerrard que nos enamoraba en aquella final de Estambul ahora es una sombra que intenta volver a ser real. Deambular por el campo y dar pases a los rivales se ha convertido en corriente, mientras que sus buenas acciones han quedado reducidas a anécdotas.


Pero no todo son críticas para Gerrard. Su pasado es tan sumamente bueno que siempre esperamos que pueda rendir de la misma manera. A pesar de estar de capa caída, no hay duda de que volverá a empuñar su espada. Potencia, regate en carrera, oportunismo y sacrificio. Los valores de todo capitán residen en Liverpool. Sus mejores virtudes salen a la luz, cada vez con mayor asiduidad, tras unos meses totalmente escondido. Los partidos contra el Lille, Portsmouth y Sunderland son un camino abierto al optimismo. Aquella final en 2005 muestra todos y cada uno de los aspectos positivos de Steven. Volver a ellos significaría retornar a lo más alto. Le hemos visto tocar la cima y mantenerse, y por eso no hay duda de que conoce el camino para volver. Aquel día tocó el cielo. Disfrutó de un momento histórico. Y, además, hizo disfrutar.

Que Steven Gerrard no pasa por un buen momento es algo evidente a los ojos de cualquiera. Pero lo que no es menos evidente es la clase que el mediocampista ingles esconde. Por este y mil motivos más, cada detalle de Steven en esta temporada nos hace recordar sus momentos mágicos con la camiseta del Liverpool. Por este y mil motivos más, seguimos confiando en que el capitán regrese a lo que un día fue y siga marcando las diferencias entre los grandes. Destacar en una temporada donde tu equipo no lo hace es difícil, pero más difícil era remontar tres goles en cuarenta y cinco minutos ante un equipo mejor. Steven ha sido capaz de hacerlo, testigos somos todos. Ahora no será menos.

25 de marzo de 2010

Anfield, leyenda y tradición

Hablar del Liverpool implica pensar en Anfield. Un equipo mítico bajo la historia de su estadio. Pocas veces un campo de fútbol ha sido tan importante. No corren buenos tiempos para los reds, pero eso nunca ha sido un problema para los scouses. Si hay un estadio memorable y acogedor para un partido de fútbol, ese es Anfield. Si hay una afición buena para un equipo, esa es la del Liverpool. Anfield, es el Prado o el Louvre de los campos de fútbol. Es un museo en toda regla. Le queda poco más de año y medio de vida. Ya sabemos que el dinero mueve al fútbol, y el Liverpool se está construyendo una mansión en lugar de seguir viviendo en su casa de toda la vida. Dejan la tradición para seguir evolucionando.


El césped se fusiona con las gradas para hacer la conexión perfecta entre equipo y afición. Los aficionados nunca fallan, sus voces se oyen a lo largo de los noventa minutos. Mejor dicho, se escuchan desde antes de empezar y hasta después de terminar. Es la canción perfecta para el lugar perfecto. Se crea una atmósfera de equipo, de partido de fútbol. La mítica grada The Kop se eleva y se eleva hasta perder los últimos asientos en la oscuridad. Mientras tanto, el interior de Anfield es un templo del fútbol. Todo aficionado al balompié deberá peregrinar a Inglaterra algún día. Mandamientos de este deporte. La imagen de This Is Anfield no hace más que presentar lo que se verá a continuación. Bienvenidos, disfrutad de Anfield.

Paradojas de la vida, Anfield era la casa del Everton desde su construcción en 1884 hasta 1892 cuando no supieron llegar a un acuerdo con los reds. A partir de ese momento, comenzó la historia del FC Liverpool siempre de la mano con su estadio. Las puertas de Shankly que están presididas por el emblema del club, You'll Never Walk Alone, te abren el camino hacia el terreno de juego. Los exteriores quedan decorados como si de museo histórico se tratase. No falta la estatua de bronce a Bill Shankly, ex-entrenador mítico del Liverpool, y un homenaje a las víctimas de la tragedia de Hillsborough donde murieron 96 hinchas del Liverpool y del Nottingham Forest. El monumento tiene una llama permanentemente encendida en memoria de los fallecidos como símbolo de su presencia eterna.


El primer partido del Liverpool como local en Anfield se disputó en 1983 con la presencia de 5.000 espectadores y terminó con la victoria de los de casa ante el Lincoln City. Desde aquel día no ha dejado de aumentar su capacidad, si bien nunca ha sido eso lo más importante en los scouses. Con pocos han cantado más que ninguno. No importa la cantidad sino la calidad del seguidor. Tras la tragedia de Hillsboroug, The Kop vio reducido su aforo de treinta mil personas a doce mil, por motivos de seguridad. Además de esto, Anfield ha sido testigo directo de la Eurocopa de 1996 llegando a albergar hasta cuatro partidos, y anfitrión en numerosos partidos de los pross. Y lo que es más importante, han disfrutado de cinco Champions League y dieciocho ligas de Inglaterra, además de muchos otros títulos.

Anfield puede ser, aparentemente, un estadio más. Banquillos incrustados en la grada, fútbol inglés y todo cuidado a la perfección. Pero nada más lejos de la realidad. En el momento en que llegan los aficionados y se acerca la hora del partido, el ambiente cambia y se torna legendario. Ya de por sí, Anfield desprende arómas históricos. Antes de cada partido, el público corea You'll Never Walk Alone. No importan rivales ni torneos, sólo importa que tu equipo esté arropado y que tengan en mente que nunca caminarán solos. Cada rincón tiene un secreto, cada imagen un sentido y el estadio en general significa sólamente FC Liverpool. En Anfield se respira leyenda y tradición.

23 de marzo de 2010

El extraño caso de Owen Hargreaves

Dieciocho meses. Ese es el tiempo que ha durado su lesión. Dos rodillas tocadas y varias operaciones. Dieciocho largos meses en los que ha estado a la sombra del fútbol. Allí, fuera de todas las miradas donde nadie se acuerda de tí. Donde te toca trabajar en solitario para volver a jugar en equipo. Apenas unos cuantos se preocupan por cómo estás y sobre cuándo vas a volver. No sabes qué responder. El periodo es muy largo y la recuperación debe ser plena. Permitirte el lujo de esquivar un mes, puede llevarte a estar tres más. Con las lesiones no se juega en el deporte. La salud es lo primero; la técnica y la calidad es innata. El último partido de fútbol de Owen Hargreaves se remonta a septiembre del 2008. Todo hasta el jueves pasado.


El Chelsea fue su último rival. Desde ese momento, su rodilla dijo basta y tuvo que parar. Marchó a Estados Unidos para operarse de una tendinitis rotuliana, una inflamación del tendón que conecta la rótula con la tibia. Richard Steadman le ha realizado un seguimiento exhaustivo en todo momento. Su vuelta se especulaba para noviembre a mucho tardar, pero comenzaron las causas secundarias. Tras mucho tiempo inactivo, la falta de confianza se adentró en Owen. Los problemas psicológicos fueron un nuevo obstáculo para su regreso. El tratamiento físico ya tenía su acompañante psicológico. Si la mente no acompaña al cuerpo, el futbolista no rinde como debería. Ejemplos nos sobrarían en este mundo donde muchos pierden la cabeza y se olvidan de su verdadero trabajo.

Hijo de Margaret y Colin, Owen Hargreaves nació en Calgary, Canadá, para después vivir como un inglés más. Su padre fue un emigrante en los años ochenta, de ahí la conexión con Inglaterra. Con tan sólo dieciséis años, el Bayern de Munich le echó el ojo y se lo llevó a Alemania. En el año 2001 ya se había consolidado en la primera plantilla del conjunto germano. Rechazó a la selección canadiense para acudir a la cita con Inglaterra sub 21 con escasos diecinueve años. Y poco después llegó la absoluta. Tras siete temporadas en el equipo bábaro, conquistó cuatro Bundesligas, una Champions League y una Intercontinental, además del Trofeo Bravo y el reconocimiento de ser el mejor europeo del años sub 21 en 2001. Por si fuera poco, fue nombrado como mejor jugador inglés del 2006. Pero se hacía raro ver a Owen Hargreaves en Alemania.


Y llegó el Manchester United con 17 millones de libras. Los de Ferguson se llevaron a Owen a las islas británicas. Se lo llevaron a casa. Apareció como crack, y su primera temporada en el conjunto red devil fue de ensueño. Premier League y Champions League en el mismo zurrón. Treinta y cuatro partidos con dos goles. La temporada 2007-2008 quedará guardada para él por los títulos y, entre otras cosas, porque fue la última en la que ha podido jugar como profesional. Nada más empezar el año siguente, llegó su conocida lesión. Mucho se ha hablado de su vuelta pero, por unas cosas u otras, siempre se ha ido retrasando el plazo. Unos se han olvidado de él, otros piensan que se marchó, pero lo cierto es que Owen ha estado a la sombra buscando volver.

Fue el pasado 18 de marzo cuando, por fín, Hargreaves fue convocado para un nuevo partido. El Burnley de la liga de reservas sería testigo del regreso del centrocampista inglés. Sólamente cuarenta y cinco minutos. Lo justo y necesario. Lo breve y bueno, dos veces bueno. Ahora toca avanzar de uno en uno, sin saltarse ningún paso. Ya sabe de primera mano que un desliz te echa abajo todo el trabajo realizado durante año y medio de recuperación. Owen Hargraves ha dado un paso atrás, pero ahora espera dar dos hacia delante. El fútbol ha recuperado uno de los suyos. Uno de esos que trata el balón con suavidad, que es delicado e inteligente. El extraño caso ha terminado por resolverse con su regreso. Qué bueno que volviste. Algunos nunca te llegamos a olvidar, Owen.

22 de marzo de 2010

Fernando Torres no es suficiente

Más de lo mismo. El resultado del partido podía ser previsible, y el transcurso del encuentro igual. El Liverpool no jugó a nada y el United aprovechó los arreones de calidad y la posesión del balón. El gol de Fernando Torres abrió un punto de esperanza para los reds mientras que un penalti, más que dudoso, de Mascherano se encargó de volver a cerrar. Rooney puso el empate y Park decantó la balanza para los de Old Trafford mediada la segunda parte. El conjunto de Benítez evidenció sus carencias de buen juego por la falta de un medio centro creativo. No es la primera vez que ocurre este año. Y lo que es peor, no será la última.


Minuto cinco de partido. Combinación perfecta entre Gerrard, Kuyt y Torres. Golazo del madrileño con un cabezazo de escuela. Salto potente, giro de cabeza y balón en dirección a la escuadra. Van der Sar no puede hacer nada. El Liverpool se adelantó en el marcador y la sorpresa ya se veía reflejada en Old Trafford. Una vez más, apareció El Niño para tirar de su equipo. Gerrard volvió a lo que nos tiene acostumbrados este año, y eso es a nada. Maxi sigue sin darle razones a Benítez para colocarle de titular y muchas menos para justificar su fichaje invernal. La inclusión de Glen Johnson en el once titular no fue demasiado buena del que se le supone titular indiscutible de la Inglaterra de Capello.

Poco después de que el Liverpool se adelantase en el marcador, Mascherano cometió un error infantil al agarrar a Valencia muy cerca del área. Que la falta es fuera es un hecho cierto, pero a un árbitro no le puedes dar lugar a la duda o te pita penalti. Y así fue. Reina adivinó pero Rooney marcó en el rechace. Apenas unos minutos le había durado la alegría a Benítez y compañía. En este momento, comenzó la debacle del Liverpool y el dominio en la posesión del United. Carrick y Fletcher estuvieron sólidos y contundentes, sobre todo el escocés, durante todo el encuentro. También Evra, Nani o Ferdinand. Pero sobre ellos brillaron otros nombres en el partido de hoy.


En primer lugar, el de siempre. Wayne Rooney estuvo fabuloso en todo momento. Convirtió el penalti, sacó el balón jugado y siempre creó peligro. Abría a bandas como si de un medio se tratase, conducía con un guante en el pie y no perdía la posesión. Pero el gran héroe del partido de ayer fue el que mejor viene jugando en el Manchester últimamente, junto a Wayne Rooney, y no es otro que Park Ji Sung. El coreano, siempre correoso y luchador, puso la técnica y el gol. El centro de Fletcher desde el lado derecho lo remató en plancha el pequeño asiático para darle lal victoria a los red devils. Park sigue justificando su titularidad en los partidos importantes, y el de ayer era otro más.

Las cosas siguen como estaban en la Premier, salvo que el Chelsea se dejó dos puntos en su visita al Blackburn Rovers. Mientras tanto, el Liverpool vuelve a alejarse tres puntos de la zona de Champions por la victoria del Tottenham y el Manchester City. Los de Benítez tienen complicado ese puesto, pero aún tienen la Europa League para asegurarse plaza europea siempre que las cosas en la Premier no se arreglen. Esperemos no llegar a ese punto.

21 de marzo de 2010

Frentes de guerra en la Premier

Las últimas jornadas de todas las ligas son apasionantes. Con muchos frentes abiertos, la lucha por el título, la entrada en Europa o evitar el descenso son algunas de las batallas más frecuentes. Cada equipo aspira a lo que puede y siempre hay sorpresas o tapados. Este año, los equipos que están inmersos en cada pelea han quedado claramente definidos. La Premier League va a ser cosa de tres. La lucha por Europa estará entre cuatro, cinco si finalmente llega el Everton. Y por último, el descenso acostumbra a agrupar a demasiados equipos, aunque las posiciones están clarificándose con el paso de las jornadas.


Quién lo diría hace tiempo. El Arsenal de Cesc Fábregas lidera la clasificación a falta del partido estrella de la jornada, mañana en Old Trafford. Los de Wenger vencieron a un West Ham dubitativo entre el descenso y la salvación. Cesc y Denilson pusieron los goles. Y se especula con la vuelta de Van Persie para las próximas semanas. Todo son buenas noticias para los gunners. Por su parte, el Chelsea se la jugará en Ewood Park contra el Blackburn Rovers a la espera de que el Liverpool pueda sacar algo en su duelo fraticida contra el United. El duelo entre red debils y blues en la penúltima jornada de liga puede decidir la Premier League.

La zona europea es la pelea más emocionante de la clasificación. Hasta cuatro equipos luchan por el último puesto que da acceso a la Champions League. El Manchester City cuenta con dos partidos menos y cinco puntos de desventaja con respecto al Tottenham Hotspur, equipo que ocupa la deseada plaza. El Aston Villa se dejó ayer dos puntos valiosísimos contra los Wolves y también está a cinco puntos con un partido de desventaja. Por último, los irregulares del Liverpool tienen cuatro partidos de desventaja y mañana visitan el Teatro de los Sueños tras haberse colado en los cuartos de final de la Europa League. Los de Benítez parece que despiertan. A ver si es verdad.


La zona baja está más decidida de lo que nos gustaría a los aficionados. Con el Portsmouth arruinado a catorce puntos de la salvación, quedan dos plazas libres a las que nadie quiere aspirar. El Burnley lleva en estas posiciones desde principio de año, y parecen ser un firme candidato al descenso. Mientras tanto, el Hull se encuentra en un tira y afloja, pero la derrota de ayer en Fratton Park les hunde un poco más. El West Ham y los Wolves no deberían descuidarse, ya que sólo cuentan con tres y cuatro puntos de ventaja. Con la victoria de ayer en el último minuto, el Wigan de Roberto Martínez toma un poco de aire.

Para lo bueno y para lo malo, lo seguidores de la Premier siempre lo seguirán siendo. La emoción sigue intacta en todos los apartados. Entramos en los partidos que deciden por completo la clasificación. Ya no se permite fallar. Un error te hace perder una temporada entera trabajando. Mañana tenemos una cita obligatoria en Old Trafford donde el United se juega la Premier y el Liverpool apura sus opciones de entrar en la Champions League. A la espera de nuevas noticias, sigamos siendo supporters de la Premier League.