La ciudad no es para mí. Esa es la conclusión a la que llega Agustín Valverde (Paco Martínez Soria) en su viaje a Madrid para visitar a su hijo. Defensor a ultranza de que los valores más puros residen en lo tradicional, en lo natural, en lo rural, mientras que todo lo urbano, moderno o sofisticado es, de alguna manera, perjudicial. Los problemas que tenía en el pueblo que le vió nacer no son comparables a los que ahora observa como espectador en la familia de su hijo. Definitivamente, Calacierva es el mejor lugar para pasar el resto de sus días. Nada relacionado con lo urbano, moderno y sofisticado. El olor a rústico con sabor tradicional es la mejor elección posible.

Extrapolado al ámbito del fútbol, la ciudad pasa a ser Manchester y los Citizens el club. El equipo que tiene los millones como forma de gobierno y el talonario como recurso para mejorar. A lo largo del verano pasado, comprobamos que el dinero todo lo puede. Una oferta de magnitudes impensables y un número seguido de infinitos ceros en tu cuenta corriente se convierten en un motivo más que suficiente para hacer las maletas y cambiar de rumbo. Uno tras otro, han ido aceptando el dinero y dejando sus anteriores equipos. Muchos se excusan alegando un paso hacia delante. Para bien o para mal, el dinero ha ganado la primera batalla.
Llegados al día de hoy, comprobamos como el equipo en cuestión quedará en quinta posición de la Premier League. En este asalto, los millones no se proclamarán vencedores. No servirán las inversiones ni los jugadores nuevos. Éstos se han hecho con posiciones obligadas en el once titular relegando a los tradicionales, si es que quedan, a un segundo plano. Nuestro Agustín Valverde particular se personifica en Stephen Ireland, con la única diferencia de su procedencia. Al contrario que el protagonista de la película, Stephen lleva más de diez años en el club. Polémico como muchos, pero realmente útil como pocos. Quizás, una utilidad desaprovechada. ¿Motivos? Lesiones en un primer lugar, fichajes y, altamente relacionado, el poder del dinero.

En la presente temporada han sido dieciséis los partidos que el irlandés ha jugado con los Sky Blues. Su posición como mediocentro se complicó con la llegada de Gareth Barry, de la misma manera que le afectó tener dos entrenadores que apostaban por la consistencia. Por eso, Ireland siempre se encontró en un lugar inferior a De Jong, Vieira o, incluso, Vincent Kompany. Adam Johnson y Craig Bellamy le cerraban cualquier opción a reconvertirse con el único objetivo de participar. Sus oportunidades se vieron reducidas proporcionalmente con el grado de confianza. Así ha llegado al final de temporada y ayer salían sus declaraciones sobre una posible salida del club.
El Manchester City seguirá caminando por su senda del dinero. Muy probablemente, los jeques y las ofertas sigan fructificando y atrayendo a los mejores jugadores. Y más seguramente, algún día ganarán la batalla de la Premier. A la larga o a la corta, para lo bueno o para lo malo, el poder económico vencerá en la batalla con lo tradicional. Stephen Ireland proclamó sus intenciones de abandonar la ciudad que evoluciona a un ritmo más alto que el de sus aspiraciones. No sabemos el destino que le espera, ni tampoco el camino que desea seguir. Al fin y al cabo, y tirando de poética, la ciudad más grande es la que sus pasos crearán al caminar.

Extrapolado al ámbito del fútbol, la ciudad pasa a ser Manchester y los Citizens el club. El equipo que tiene los millones como forma de gobierno y el talonario como recurso para mejorar. A lo largo del verano pasado, comprobamos que el dinero todo lo puede. Una oferta de magnitudes impensables y un número seguido de infinitos ceros en tu cuenta corriente se convierten en un motivo más que suficiente para hacer las maletas y cambiar de rumbo. Uno tras otro, han ido aceptando el dinero y dejando sus anteriores equipos. Muchos se excusan alegando un paso hacia delante. Para bien o para mal, el dinero ha ganado la primera batalla.
Llegados al día de hoy, comprobamos como el equipo en cuestión quedará en quinta posición de la Premier League. En este asalto, los millones no se proclamarán vencedores. No servirán las inversiones ni los jugadores nuevos. Éstos se han hecho con posiciones obligadas en el once titular relegando a los tradicionales, si es que quedan, a un segundo plano. Nuestro Agustín Valverde particular se personifica en Stephen Ireland, con la única diferencia de su procedencia. Al contrario que el protagonista de la película, Stephen lleva más de diez años en el club. Polémico como muchos, pero realmente útil como pocos. Quizás, una utilidad desaprovechada. ¿Motivos? Lesiones en un primer lugar, fichajes y, altamente relacionado, el poder del dinero.

En la presente temporada han sido dieciséis los partidos que el irlandés ha jugado con los Sky Blues. Su posición como mediocentro se complicó con la llegada de Gareth Barry, de la misma manera que le afectó tener dos entrenadores que apostaban por la consistencia. Por eso, Ireland siempre se encontró en un lugar inferior a De Jong, Vieira o, incluso, Vincent Kompany. Adam Johnson y Craig Bellamy le cerraban cualquier opción a reconvertirse con el único objetivo de participar. Sus oportunidades se vieron reducidas proporcionalmente con el grado de confianza. Así ha llegado al final de temporada y ayer salían sus declaraciones sobre una posible salida del club.
El Manchester City seguirá caminando por su senda del dinero. Muy probablemente, los jeques y las ofertas sigan fructificando y atrayendo a los mejores jugadores. Y más seguramente, algún día ganarán la batalla de la Premier. A la larga o a la corta, para lo bueno o para lo malo, el poder económico vencerá en la batalla con lo tradicional. Stephen Ireland proclamó sus intenciones de abandonar la ciudad que evoluciona a un ritmo más alto que el de sus aspiraciones. No sabemos el destino que le espera, ni tampoco el camino que desea seguir. Al fin y al cabo, y tirando de poética, la ciudad más grande es la que sus pasos crearán al caminar.





