26 de febrero de 2012

El Arsenal ganó por velocidad

El Arsenal empató al Tottenham al trote, sin necesidad de la velocidad. Los dos primeros goles de los gunners llegaron fruto de la posesión y el acoso al rival en el campo contrario. Los de Redknapp cedieron al empuje y recularon hasta su portería durante casi media hora. De ello se aprovecharon Rosicky, Arteta y Van Persie para lograr los tantos que pusieron el 2-2 y que empataban los iniciales de Saha y Adebayor.

El momento de Walcott llegó para sentenciar, corriendo. Los tres goles de la segunda mitad responden al mismo patrón futbolístico. El Tottenham adelantó líneas y presionó la salida del Arsenal, gracias a la entrada de Sandro por Kranjcar. Los locales aceptaron el reto y apostaron por correr. Esto consistía en lanzar sus ataques a toda velocidad una vez se recuperaban el balón. Primero, Rosicky hizo el tercero. Poco después, Walcott cerró el marcador con el cuarto y el quinto, explotando sus virtudes, escondidas en la primera mitad.

La jugada del cuarto gol es el ejemplo más esclarecedor. El Arsenal roba en su línea de fondo y lanza un balón largo hacia Van Persie. El rechace lo recoge Rosicky, que vuelve a asistir al holandés para que aguante la posesión, especialista como pocos. Kaboul y King, atraídos por el delantero gunner, acosan a Robin mientras éste espera una ayuda. Walcott, que en el inicio de la jugada (34'') está en la frontal del área, comienza un sprint para llegar al apoyo. En apenas diez segundos (45''), el extremo inglés recibe el balón de cara a la portería rival y anota el cuarto gol del Arsenal.

25 de febrero de 2012

Bellers

Craig Bellamy no se atreve a pronunciar el nombre de Gary Speed. En cada entrevista, sus respuestas mencionan un simple y sentido "él". Todo fue demasiado rápido. Su pérdida, irremediablemente dolorosa. La digestión está resultando dura y lenta. Tampoco tiene fuerzas para mencionar el hecho de su trágica muerte (supuesto suicidio), de la que intenta hablar como "eso". Las lágrimas de Bellamy todavía siguen cayendo en la memoria de los aficionados que recuerdan el emotivo minuto de silencio antes del partido contra el Chelsea. Más de dos meses después, las heridas siguen abiertas. En la final de la Carling Cup, el jugador del Liverpool se enfrenta al Cardiff, su ex equipo. Son de Gales, su tierra. También la del difunto Gary Speed, el ídolo de Bellers.  
Minuto de silencio en memoria de Gary Speed
Dentro de la semana más emotiva, Bellamy afronta el partido más complicado de su vida. Un encuentro en homenaje a "él" contra Costa Rica, el 29 de febrero. Uno estará sobre el césped pero el otro no. "Todavía no lo he superado y creo que nunca lo haré". Tres días antes disputa la final de la Carling Cup contra la ciudad que lo vio crecer y el equipo en el que militó la pasada temporada. En la memoria, Speed, otro galés. Siempre él. Cuenta Bellers que habla cada semana con sus hijos, hoy sin padre, porque así se acuerda de él: "Es necesario recordar lo que tienes". El delantero del Liverpool ha tenido un papel vital en el camino hasta aquí. Dos asistencias contra el Chelsea, en cuartos, y un gol decisivo al Manchester City, en la semifinal.

Craig Bellamy, 1979
La mala suerte ha acompañado a Bellamy en el pasado. Sin ir más lejos, en el último playoff de ascenso jugando en el Cardiff, se rompió a los quince minutos de empezar el partido. No pudo ser el héroe de aquella tarde. La presión podía con él, si no ganaba era un fracaso, no soportaba ese peso sobre su persona. Pero eso ya no le ocurre gracias a Steve Peters, un psicólogo. "Cuando empiezo a jugar asumo que puedo perder, pero siempre intento ganar. ¿Cómo vas a jugar bien si te estás poniendo toda la presión?", dice el galés. El domingo se cierra el círculo de Bellamy, lleno de relaciones de amor y odio y que se completa contra el equipo de su vida.

Pero si la suerte vuelve a ser esquiva con Bellers, él pensará en Sierra Leona, país en el que está participando en distintas campañas caritativas: "Que haya sido capaz de ayudar a gente en peor situación me da más satisfacción que lo que el fútbol me ha dado. Consiga o no consiga algo en el deporte, algún día podré volver a ver Sierra Leona y comprobar lo que he podido ofrecer". Porque si algo le ha dado la experiencia es que sus derrotas ya no las ve como un fracaso, las minimiza, y sigue aprovechando lo que el fútbol le está dando.

18 de febrero de 2012

Un regalo en manos de Poyet

"El Liverpool estaría bien", vaticinó Will Buckley.

Recuperación y salida rápida al ataque. El primer toque al balón, un caño, le permite coger una velocidad endiablada hacia la portería rival. Atraviesa el centro del campo y en varios segundos se planta en el área opuesta. Encara a su próximo objetivo, lo deja atrás y se perfila para chutar. Su disparo rebota en un jugador y termina entrando en la portería. Es el uno a cero, el gol que da al Brighton el pase a la siguiente ronda de FA Cup. Tenía que ser Will Buckley, el jugador más en forma de los sureños, quien marcase el tanto de la victoria. Como también fue él quien selló el primer triunfo oficial en el nuevo estadio, en agosto, sobre la bocina. Para Buckley, llegado procedente del Watford en verano, será un regalo visitar Anfield en la próxima ronda. Adivinó su predicción que dio en la entrevista post-partido antes de conocer los próximos emparejamientos. Cuestión de suerte, seguramente. "Dije la semana pasada que Buckley ya ha hecho valer el precio que costó. Todo lo que llegue ahora es un extra", comenta su actual entrenador. 

Will Buckley celebra el gol de la victoria contra el Newcatle

Detrás del sueño del Brighton está Gustavo Poyet. El técnico uruguayo, cómodo y adaptado al estilo inglés, al modelo directivo británico, consiguió el ascenso la temporada pasada y en ésta se mantiene holgadamente en la zona media/alta de Championship, tras ser la revelación de las primeras semanas. La base del proyecto está definida gracias a los destacados movimientos que hubo en verano. En concreto uno que, precisamente, no era futbolista: el AMEX Stadium, la nueva casa del club. "Eso influyó para atraer a jugadores de la talla de Vicente o Mackail-Smith", cuenta Poyet. Este último ha sido el fichaje más sonado y no es de extrañar. El internacional escocés es el segundo máximo goleador del equipo, después de Buckley, a pesar de una sequía anotadora sufrida hace algunas semanas. Con él llegaron otros siete nombres nuevos (Vicente, Bergkamp, David González, Hoskins, Harley, LuaLua y Vincelot). No todos ellos ha entrado en la dinámica semanal de juego, pero han formado una de las plantillas más interesantes y prometedoras de la categoría.

Craig Noone, 1987
"Premier League. No pongo un plazo, pero es el objetivo", insiste el uruguayo. Unas raíces jóvenes son el motivo para poder pensar en ello. La proyección defensiva de Dunk, indiscutible y elegante central; la organización e intensidad de Bridcutt, para muchos el mejor holding midfielder de la categoría; el talento de Noone en el extremo, aunque costó lo suyo mantenerlo ante las ofertas recibidas; la clase y llegada de Harley, buscando la oportunidad perdida; el olfato y la explosividad en el desmarque de Barnes o el desparpajo driblador de LuaLua. Además de Jake Caskey, un protegido en esta página, que se ha hecho con un hueco en el once pesar de no haber alcanzado todavía los dieciocho años.

El Brighton está marcando su línea a seguir. Quien la dibuja es Poyet, que recuerda como tiempos difíciles cuando tuvo que obligar a sus centrales a sacar la pelota por el suelo, al contrario de lo que hacían. Se sorprendían porque preferían un pelotazo, mucho más fácil de realizar. Pero el técnico uruguayo prefiere jugar con la cabeza, pensar más. Ser mejor. Poco a poco, gracias a los jugadores que han ido llegando, los 'seagulls' han creado su identidad. Poyet tiene entre sus manos un regalo, un equipo de fútbol como excusa para hacer algo importante en la ciudad del sur de Inglaterra. 

15 de febrero de 2012

El fútbol de espaldas


"Bilardo ve el fútbol de espaldas", decía Menotti.

Así es como tira los penaltis Paul Gallagher, jugador del Leicester City. Su elección es no darle ninguna pista al portero, evitar el duelo de miradas y engaños durante los segundos previos. Todo está en la cabeza: el balón, la portería rival, la orientación y el guardameta. Varios pasos de carrera, giro brusco de 180º para encarar con velocidad la pelota y un disparo. Un chut seco, sin posibilidad de facilitarle a quien lo intenta parar una mínima certeza de hacia dónde va a ir. No es que vea el fútbol de espaldas, pero sí lo imagina así mientras piensa su lanzamiento desde los once metros.

13 de febrero de 2012

O'Neill transforma lo que toca

Su impacto se mide muy bien desde los números: de once partidos, siete victorias, un empate y tres derrotas; dieciocho goles a favor y nueve en contra; 22 puntos de 33 posibles; de estar a dos puntos del descenso a haberse alejado a doce; y, por último, en los once partidos que lleva, ha sumado once puntos más que en los quince anteriores de Steve Bruce al cargo. Todos estos son los logros de Martin O'Neill en sus dos meses como entrenador del Sunderland, un tanto retorcidos cuando hablamos de estadística pero que no dejan de mostrar el cambio radical que ha sufrido el equipo desde su llegada. El técnico norirlandés comienza su etapa en el banquillo de los black cats tras una temporada a la sombra. En sus últimos tres proyectos lideró a sus respectivos equipos -Leicester, Celtic y Aston Villa- por el tiempo de un lustro en cada uno, mejorando lo que recibió de base. Hasta la fecha, en apenas unas semanas en el Sunderland, todo pinta de maravilla.

Martin O'Neill, 1952
En el césped también se han producido cambios en la dinámica. Han entrado jugadores nuevos, los que ya estaban han mejorado su rendimiento y lo que es más importante, la creencia positiva en el equipo se ha instaurado. Buena parte de la respuesta a este cambio reside en el hecho de que el Sunderland rara vez ha ido por detrás en el marcador en todo este tiempo. Salvo en sus dos primeras derrotas (rivales de nivel: Tottenham y Chelsea), sólamente contra el Blackburn, en el debut de O'Neill, que terminaron remontando en el descuento, y contra el Arsenal, que venció el partido, también en el tiempo extra, el Sunderland ha ido en desventaja de goles. La sensación de confianza creada en el equipo ha potenciado las cualidades. Y lo que es mejor, ha descubierto algunas que se encontraban ocultas.

James McClean, 1989
1) James McClean llegó en verano y se había pasado media temporada jugando con el equipo reserva. Ningún partido oficial. Tres ratos cortos a modo de fogueo, entre ellos los últimos diez minutos contra el Blackburn, que fueron pura dinamita, y directo al once titular. Desde entonces no se ha perdido nada. Ha dejado de ser desconocido a convertirse en uno de los mayores puntales. Vertiginoso extremo, no excesivamente técnico pero adicto al cara a cara, al duelo con su lateral, a quien reta cada vez que tiene la oportunidad. Se tira el balón para delante y llega antes que su rival para poder centrar. Además tiene gol, cuatro hasta la fecha, con tres asistencias. Todo un descubrimiento.

2) El centro del campo era, como ha quedado demostrado en dos meses, mucho más talentoso de lo que nos habían enseñado. En cuanto los resultados han acompañado y la moral positiva se ha apoderado del equipo Gardner ha confirmado que se quiere quedar, contra lo que se pensaba en diciembre, Vaughan se ha hecho el dueño de la creación mientras que Colback es el menos conocido pero con más recorrido de todos ellos. Pura clase la del pelirrojo, que le gusta iniciar aunque sepa asentarse como mediapunta. De los que va a lo fácil, de los del pase al pie o búsqueda de apoyos. De los centrocampistas que atraen en cuatro jugadas. Como ocurrió en el último partido ante el Arsenal, puede darse la ocasión en que sean cinco los integrantes del centro del campo, dejando a uno de los atacantes (Campbell en el caso citado) como volante y centrando a Larsson para crear superioridad. Sin embargo, el 4-4-1-1 es el esquema más utilizado por el Sunderland durante los días de O'Neill en el cargo.

Sessegnon celebra un gol junto a Colback
3) El jugador más importante y decisivo es Sessegnon, uno de los mejores mediapuntas del campeonato -si eliminamos a los Silva, Mata o Rooney estaría entre los (tres) primeros- que en la presente temporada ha tomado el mando del Sunderland. Ha probado como referencia o por detrás de un punta, ya sea Bendtner o Wickham, siendo la primera opción donde mejor ha rendido por su facilidad para encontrar espacios. Para encontrarlos al recibir y para verlos con claridad a la hora de asistir. Porque Sessegnon suma siete asistencias de gol -quinto mejor en la Premier League- además de seis goles.