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3 de septiembre de 2012

El cuento de una amistad

Kevin Nolan tiene dos hijos pequeños. Él cuenta que cuando sus invitados van a su casa siempre les pide que lean historias y libros para ellos a la hora de dormir. Hace justo dos años, el invitado fue Andy Carroll por circunstancias complicadas. El delantero inglés fue denunciado por varios acosos a su novia y se le ordenó vivir con el que por entonces era su capitán en el Newcastle, es decir, Kevin Nolan. De repente, su compañero se convirtió en su hermano... y al mismo tiempo en su padre.

Andy Carroll y Kevin Nolan en el Newcastle
Por aquel entonces el Newcastle ya había ascendido a la Premier League con un papel decisivo de los dos protagonistas y Andy Carroll era la sensación de la liga, después de un comienzo de temporada espectacular. Meses más tarde llegaron desde Liverpool los famosos 35 millones de libras y separaron a los dos amigos. Incluso llegaron a enfrentarse en el mes de mayo. Luego Kevin Nolan tomó rumbo a la segunda división con el West Ham, donde apenas tardó un curso en recuperar la categoría. Y ahora, recién terminado el mercado de fichajes, ha sido Carroll quien llega cedido al conjunto de su amigo. Los dos son hammers. Se reencuentran.

Andy Carroll, 1989
La temporada se presenta apetitosa para ambos. Están al mando del experimentado Sam Allardyce, un técnico que lleva hasta el extremo la filosofía del juego directo en su equipo. Para potenciar esa faceta ha llegado Andy Carroll, dominador de los balones aéreos como pocos hay en Inglaterra. El delantero toca la pelota en el cielo y Kevin Nolan llega al rescate de la segunda jugada para empalar. En el primer partido que jugaron juntos, contra el Fulham, Carroll provocó dos tantos y Nolan metió uno del 3-0 final. Su amistad nació en el campo, se fomentó fuera de él y ahora, en el West Ham, vuelven a compartir camiseta con un tipo de fútbol que favorece a los dos prácticamente por igual.

5 de mayo de 2012

Chelsea, campeón de la FA Cup 2012


El Liverpool había ganado los últimos cuatro enfrentamientos contra el Chelsea: tres en la Premier League y uno en la Carling Cup. Fue superior en casi todos ellos. El año pasado, Fernando Torres decidió en Anfield con un doblete y una actuación brillante de Lucas Leiva. Para el encuentro de vuelta, ya con Dalglish en el banquillo y Torres en el equipo rival, los reds armaron una defensa de cinco, con dos mediocentros y dos interiores, que detuvo al Chelsea para que Meireles sentenciara en la segunda mitad. Esta temporada se presentó en Stamford Bridge contra Villas-Boas y asestó el golpe definitivo a pocos minutos del final, gracias a un gol de Glen Johnson. Fue el partido que más complicado lo tuvo porque Mata así lo quiso. El español atacó una y otra vez la zona central del Liverpool hasta que Dalglish modificó el equipo. El cuarto de los enfrentamientos fue en la Carling Cup, el pasado mes de diciembre, una fecha que muchos recuerdan por ser el último partido de Lucas desde su lesión. Un inspirado Maxi y un cabezazo de Martin Kelly cerraron el 0-2. Cuatro encuentros, cuatro victorias. Pero la FA Cup, en una final, con Di Matteo al frente, fue otra historia.

La mayor carencia del once que planteó Dalglish, o sencillamente del Liverpool en sí, fue la creación de las jugadas. Spearing no es consistente como cinco único y fluido salvo cuando recibe en ventaja mientras que Henderson tiene terror a girarse con el balón en sus pies. Si recibe de espaldas, teme la presión en su espalda. No confía. Por eso su mejor rendimiento llega cuando está metido entre los centrales y es capaz de mirar de cara a la portería rival... o cuando disfruta del juego combinativo en tres cuartos. Ahí sí funciona y ha tenido buenas actuaciones en los últimos meses, pero contra el Chelsea no pudo. Tan solo las caídas de Gerrard generaban algo de continuidad. El Liverpool tuvo el balón y no supo qué hacer con él, no evitaba la primera línea de los blues porque no había un jugador que la rompiese. Agger lo intentó en conducciones con cierto peligro, Gerrard puso de su parte, pero no hubo manera.

La alineación de gala del Chelsea desde que el italiano es el entrenador está organizada en un 4-2-3-1 que no ofrece dudas. La posición de Mata, que antes era la de un extremo que buscaba los espacios interiores, ya es totalmente centrada. Y por ahí tejió el Chelsea su plan para ganar el partido. Es el mismo movimiento que hace meses estuvo muy cerca de darles la victoria, de no ser por una sustitución acertada del Liverpool. Pero el once de Dalglish no daba más de sí y Mata lo explotó con un pase al hueco hacia Ramires, ayudado por la pasividad de José Enrique y culminado por Reina. El futbolista brasileño es fundamental en la idea de este Chelsea de salir al espacio. En la banda derecha, defendida de forma horrible por el Liverpool, encontró su camino más sencillo. Spearing no acertó en el despeje, Mata se encontró en solitario con una mitad de campo por recorrer y el resto, un pase y una definición, fue pan comido.

Ni siquiera la modificación de poner a Henderson en la banda derecha y a Bellamy junto a Suárez surtió efecto. El Chelsea no sufrió ningún desperfecto durante cuarenta y cinco minutos. Los dos centrales acorralaron a Luis Suárez en los laterales y los dos extremos reds no conocieron el desborde. Drogba empezó a bajar balones en su dura pugna con Skrtel y en uno de ellos, tras un buen pase de Lampard, hizo el segundo gol blue. Gerrard, que caía desde la mediapunta para sacar el balón, defensivamente no llegaba para ayudar al centro del campo. Henderson tiene un retorno lentísimo y Spearing no consiguió manejarse en un terreno que dominó Mata. La única solución que le quedó al Liverpool, y que utilizó para equilibrar el desnivel, fue la entrada de Carroll en la punta de ataque por un desbordado Spearing. Esto llevó a retrasar a Henderson, algo que mejoró su rendimiento, y a Gerrard justo delante de los centrales. Con recorrido.


La entrada de Andy Carroll significó el desahogo del Liverpool en forma de balones largos que el inglés acomodaba en beneficio del resto. Su especialidad, el motivo por el que durante 2012 ha encontrado su mejor forma y la razón por la que su salida del once titular, en cualquier ocasión, puede ser discutible. Sobre todo si por el centro no generas y los balones laterales no tienen destinatario. Encontró su gol en una finta en el área y tuvo opciones de empatar, aunque se topó con Cech. Revitalizó el partido pero, sobre todo, le ofreció al Liverpool un camino que seguir, algo que no había encontrado en los sesenta minutos previos. Con la Eurocopa tan cerca y la cantidad de dudas que existen sobre Inglaterra, en él pueden estar algunas soluciones. Pero el Chelsea fue claro merecedor del triunfo y, con Di Matteo en el banquillo, el artífice de un ascenso y una sucesión complicada, ya miran hacia la Champions League.

14 de abril de 2012

La justicia de Carroll

Andy Carroll celebra el gol de la victoria ante el Everton
Los millones pesan. Para Andy Carroll están siendo más dificiles de soportar que un defensa corpulento y pesado que se te sube a la espalda y golpea su rodilla en tu espalda en cada salto. Aunque esa comparación también la conoce el bueno de Andy, acostumbrado al juego de espaldas y al duro combate con el central de turno. Así se han escrito sus mejores partidos, así ha llegado al máximo nivel y así le ha dado al Liverpool dos victorias seguidas en los últimos minutos. La poca delicadeza que muestra en sus gestos contrasta con la efectividad en cada uno de ellos, aclarando los ataques, bajando el balón y dejando las segundas jugadas servidas con esmero. Contra el Everton fue un salto en parado. Carroll subió más alto que nadie para contactar con el balón casi de espaldas y desatar la locura. Pocos días antes, el Blackburn sufrió al Carroll más salvaje, lanzándose a por todas en un balón cruzado. El día a día de un nueve.

Andy Carroll, 1989
Pero la justicia de la definición no le había dado la palabra hasta este año 2012. Toda la rabia de la desesperación, del error constante, se podía expresar en cada mueca y gesto de Andy Carroll cuando las cosas no le salían bien. Que si fuera de los onces iniciales, que si remates desviados, que si más recordatorios sobre su precio. Todavía no está en los números que se le exigen como delantero -algo tiene que sostener a los defensores de Carroll-, pero en juego y aportación lleva varios meses como para pensar que, ni mucho menos, el Liverpool cometió un error cuando decidió ficharlo.

2 de noviembre de 2011

Agger, Carroll y el balón

Es un dato demoledor: Daniel Agger no juega cinco partidos completos consecutivos en la Premier League desde 2009. Es más, desde que llegó al Liverpool únicamente lo ha podido hacer en tres ocasiones. Esta temporada ya ha causado baja un mes por una fractura de costilla. Cuando no es eso aparecen los problemas musculares. No ha gozado de continuidad porque su físico no se lo ha permitido. Volvió a disfrutar de un partido completo contra el WBA el sábado pasado, con Skrtel a su lado, formando la que, probablemente, es la mejor pareja posible para Kenny Dalglish. No fue el mejor partido del Liverpool pero sí uno de los que más conclusiones se han podido sacar hasta la fecha. Por Agger y por Carroll, que también salió de inicio junto a Luis Suárez.


Para empezar tomaremos como apoyo el interesante análisis (último punto) de Michael Cox en The Guardian sobre la pareja Agger-Skrtel. En él destaca los pocos disparos que concede el Liverpool y, con el danés en el once, el progreso que se produce en la salida de balón. Se aprecia una notable diferencia en el rango de pases de ambos. Mientras que Skrtel es más plano y básico, con asistencias al lateral derecho o al propio Agger, éste varía más su destinatario: cambio de banda, apoyo al lateral o, lo que resulta de gran desahogo para el Liverpool, balón hacia los delanteros, donde entra en juego el papel de Carroll y su titularidad. Por este motivo, su porcentaje de error también es levemente más alto, compensado con una mayor velocidad de juego y diferentes alternativas en el inicio de la jugada, añadido a un punto de locura que lo convierten en un central de un altísimo nivel.


Pero todo tiene un inicio. En este aspecto, la función de Pepe Reina es clave. El portero español elige cómo va a comenzar la jugada el Liverpool. Como se puede comprobar, hay una tendencia a empezar desde la defensa con un pase en corto, bien hacia sus centrales -recordemos, Agger estaba en el campo- o bien hacia los laterales para que estos decidiesen el siguiente movimiento. Uno de los mayores beneficiados de esta decisión es José Enrique, a un gran nivel, ya que participa constantemente en la posesión de su equipo. Sin embargo, en el lateral también se evidencian los fallos más problemáticos del Liverpool: se ve obligado al balón en largo debido al asfixio y a la poca claridad en el inicio de la jugada. La otra vía para Reina es el pase largo, una faceta de la que puede presumir ser de los mejores en todo el panorama europeo.


Quedó una cosa clara contra el West Brom: el Liverpool tiene serios problemas en la creación. Esto se refleja en que la mayoría de pases del gráfico anterior están situados en la línea defensiva propia. Tanto Lucas como Adam, además de Henderson, que cumple un papel asociativo y no de volante en el esquema red, tenían que retrasar en exceso su posición para conseguir una salida limpia y clara. Menos cuando aparecía Carroll, claro. ¿Y quién activaba al delantero inglés? Daniel Agger. El posicionamiento del nueve del Liverpool muestra, en el mapa de calor, que, al contrario de la imagen que se tiene de él como un delantero de área, era de vital importancia para oxigenar el juego de los suyos. Recibir el balón, acomodarlo, protegerlo, dar segundos para que el equipo salga y continuar la jugada. Haciendo el símil, Carroll hizo, por momentos, de Forlán en la Copa América para Luis Suárez.


Llegado a este punto sólamente queda una pregunta por contestar: ¿Debe jugar el Liverpool con Luis Suárez y Andy Carroll en el once inicial o, por el contrario, debe jugar con un único delantero para que no se molesten el uno al otro? Yo lo tengo muy claro: ambos.