
Nacido en Camerún en 1987, Song comenzó a destacar jugando en el Bastia francés, país del que es nacionalizado. Los ojeadores del Arsenal le echaron el ojo con sólo 18 años y se lo llevaron a Wenger. Tras una cesión al Bastia y otra al Charlton, Alex Song se queda definitivamente en el primer equipo en la temporada 2007. En su primera temporada, tenía a la pareja Cesc – Flamini y el malusado Lass Diarrá en el equipo. Pero el camerunés se quedó.
Diez apariciones en liga y tres en Europa son su historial. Con la llegada de la temporada pasada todo cambió. Flamini se marchó y Song recibió toda esa confianza y cúmulo de oportunidades que un futbolista necesita para triunfar. Cuarenta y ocho partidos disputados esa temporada. El fútbol emergente de Cesc, y el acompañamiento de un Diaby en progresión, le hicieron mejor jugador. Aprendió a jugar con el balón como lo hacían sus compañeros.

Habitual en su selección, acudió a la Copa de África por segunda vez hace escasas semanas. El Arsenal notó su ausencia; Denilson no daba la talla. En cuanto volvió eliminado con Camerún, Wenger no se lo pensó lo más mínimo para meterle de nuevo en el once. Diaby y Song le dan a Cesc la contención que necesita para inventar. Para hacer jugar al Arsenal. Para hacer ganar al Arsenal.
Alex Song es un mediocentro atípico. Grande, corpulento y muy fuerte en todos los aspectos. Perfecto en el corte y atento a cualquier robo de balón. Por arriba es un portento y es idóneo para empezar las jugadas. Hasta aquí todo normal. Pero el prejuicio de que los pivotes defensivos no saben jugar no conjuga con Alex. Song sale perfectamente con el balón. Lo trata bien y lo mima. Regatea y comienza o termina las jugadas. Es un complemento perfecto en el centro del campo. Mucha presencia. Siempre está ahí. Alex Song.